
Lo que en un inicio iba a ser una breve estadía para completar trámites en Indio Muerto, se transforma en un viaje para descubrirse y dar significado a su existencia en la soledad de la granja. María es una mujer de pocas palabras, siempre al borde de la descortesía, y nunca llegamos a conocer bien su pasado o lo que se le esté cruzando por la mente.
Empieza a tener proyectos que nadie parece entender, salvo un adinerado hombre de Buenos Aires, también atraído por la vida rural. “He confundido miseria con folclore”, admite él. Esta frase es elocuente en la manera como es vista Latinoamérica por los ojos de un foráneo.
Aunque el filme no trate explícitamente sobre la pobreza, esta se puede respirar a través de las imágenes áridas y lo vetusto en cada uno de los objetos que aparecen en la pantalla. El cine latinoamericano ha demostrado, a través de los últimos años, que es único en la narración de historias individuales ricas y atentas en detalles. Pero La extranjera tiene algo nuevo: además de la narración personal, el filme de Fernando Díaz es un llamado colectivo al desarrollo y a un cambio de curso en el tiempo.
Caroline Mercado