
Sin buscar la identidad de cada uno de los personajes en una concepción individual sino cultural, la pelÃcula se acerca a descifrar aquello que hace al hombre y que parece haber quedado en un segundo plano en el diario vivir, las relaciones personales de respeto con el medio ambiente y las relaciones humanas más allá de un interés propio. Una novia es una novia en cualquier lugar del mundo y un médico es un médico también, sin embargo Altiplano juega a ser un telar en el que a cada paso se cruzan los hilos buscando la nueva figura, que podrÃa ser hecha con esos dedos que buscan reconstruir la imagen que nos hace, un sÃmbolo de otro tiempo, ese sÃmbolo que convive y es el centro de otras historias.
Un optometrista belga llega a Perú para colaborar en un centro médico en los Andes. Una novia espera el dÃa de su boda. Un error produce una demora y comienzan una serie de casualidades que provocan un desenlace inesperado (para quienes tienen otra distancia, la mental). Muy simbólica, Altiplano, es cercana por su estética a Eréndira Ikikunari de Juan Mora o Babel de Gonzáles Iñarritu, un espectro sonoro muy amplio en todos los sentidos, una fuerte presencia de ensimismasión que produce el Ande, la montaña, es reflejada en la pelÃcula en sus silencios y sus diálogos.
Claudio Sanchez